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¿QUÉ ES LA FE?

Ponte cómodo (a), trae tu biblia y un café, y comencemos a descubrir nuestra fe.


¡Oh Dios eterno, tu misericordia ni una sombra de duda tendrá; tu compasión y bondad nunca falla, ¡y por los siglos el mismo serás!


En el Antiguo Testamento la palabra FE se utiliza para describir la fidelidad de Dios con los hombres y de los hombres con Dios, la fe incluye esas verdades reveladas por Dios a los hombres que se encuentran en su Palabra y en la tradición de la Iglesia, es un don que Dios nos da y es su deseo que los corazones de los hombres lo busquen.


Dios nos invita a someternos libremente (primer componente) a la fe para darnos a conocer sus designios y así alcanzar la salvación, pues ese es el fin de creer, tanto la fe como la salvación son un regalo que nos da Dios por su gracia. En 1 Pedro 1, 8-9 dice: «Porque ustedes aman sin haberlo visto, y creyendo en él sin verlo todavía, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria, seguros de alcanzar el término de esa fe, que es la salvación


Sin embargo, no basta con creer, Jesús nos dice: «ven y sígueme» (Mt 19,21), esto implica una acción (segundo componente) tras la respuesta, nuestra Iglesia Católica nos enseña que la fe se muestra por las obras y esto se expresa en Santiago 2, 17: «lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de obras, está completamente muerta». En este sentido vemos que la fe no excluye las buenas obras, al contrario, la fe debe animarnos a realizar buenas obras, a vivir de manera justa, en el amor y la caridad de Dios; trabajando para difundirla y enseñarla.


Hay que recordar que la fe no puede ser adquirida por medios humanos, al ser un don dado por Dios a los hombres es indispensable pedirle a él que aumente nuestra fe (tercer componente), decirle constantemente a Dios «creo, pero ayúdame porque tengo poca fe» (Mc 9,24).


Tras pedir la fe debemos alimentarla. En Mt 13, 19-23, encontramos el siguiente ejemplo: «cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino. El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta enseguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe. El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto. Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno.»

El objetivo del ejercicio de la fe es lograr ser esa tierra fértil (cuarto componente) donde la semilla de la fe de frutos, en nuestra vida y en nuestras obras. Creer implica tener fe y tener fe implica confiar, es decir abandonarnos a la voluntad de Dios, y recordarnos constantemente «el Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temeré?» (Sal 27,1)


Ten presente siempre los componentes de la fe:

  1. Respuesta y sometimiento en libertad.

  2. Acción tras la respuesta.

  3. Pedirle a Dios que aumente nuestra fe.

  4. Ser tierra fértil para la semilla sembrada en nuestro corazón.

Entonces, ¿cuál de los componentes tienes que fortalecer para aumentar tu fe?

¡No olvides tu taza de café! #amenyuncafe





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